El sastrecillo


Las diferentes formas de pobreza​


​​1.  Dos mundos desiguales

Hablar de pobreza en el mundo es hablar de exclusión social. El Mundo, en el aspecto material (Welfare state), está dividido en dos grandes bloques. El primero está compuesto por países que poseen los Índices de Exclusión Social más bajos – IES. Está concentrado en Europa, centro histórico de expansión del capitalismo, e incluye a Japón, Estados Unidos y Canadá, países de industrialización posterior, pero que hicieron la reforma agraria y desarrollaron políticas selectivas para la defensa del producto nacional. Son, por lo tanto, 28 países con índice de exclusión social más bajo. Cuatro de estos países forman parte de la Europa del Este y son los nuevos miembros de la Unión Europea (Lituania, Eslovaquia, Hungría y la República Checa), lo que revela la contribución de algunos regímenes socialistas para la mejoría de los índices de calidad de vida y de inclusión social. Estos 28 países representan el 14,4% de la población mundial y participan con el 52, 1 de toda la renta que se genera anualmente. La renta per cápita media de estos países se sitúa en torno a 26, 9 mil  US$ teniendo presente el criterio de Paridad de Poder Adquisitivo.

En segundo lugar, se encuentran los países con exclusión social notable. Son 60 países. Forman parte del 35,5% de la población mundial y se benefician del 11,1% de la renta producida en el mundo. Tienen una renta per cápita media de 2,3 mil US$ teniendo presente también el criterio de Paridad de Poder Adquisitivo. De estos 60 países, 44 se encuentran en África y en Oceanía, dividida territorialmente desde el siglo 19 por los europeos, de acuerdo a sus intereses. Son 10 países en Asia que estuvieron sometidos a distintas formas de ocupación formal e informal, 6 países en América Latina, donde la dependencia política, a lo largo del siglo 19, no siempre significó una autonomía económica real, financiera y política. Es necesario subrayar también que el 80% de la población africana vive en países situados en la zona extrema de exclusión social, contra el 37% en Asia, 19% en Oceanía y 7% en América Latina.

2.  ¿Quiénes son los excluidos?

La pobreza material

Los países que presentan los peores Índices de Exclusión Social, en su gran mayoría, son víctimas de la pobreza, la desigualdad, la baja escolaridad, víctimas del analfabetismo, falta de acceso generalizado a la salud y precariedad en el mercado de trabajo. Son los países que sufren incluso las consecuencias de la vieja exclusión social – baja renta y alto analfabetismo – como también por las manifestaciones de la nueva exclusión social que es el desempleo, la desigualdad de renta, la baja escolarización superior y la violencia.

La pobreza política

Además de la pobreza material existe una forma de pobreza más aguda que es la pobreza política. El concepto de pobreza política surgió en el contexto de la política social, en particular en el combate contra la pobreza, y hoy se usa también ampliamente en las descripciones del Desarrollo Humano de la ONU/PNUD, sobre todo desde 1997. Pretende señalar que la pobreza no puede reducirse a carencia material, por importante que ésta sea siempre, porque significa fundamentalmente un fenómeno de exclusión política.

Ser pobre es menos que no tener, menos que no ser. Pasar hambre es gran miseria, pero la miseria todavía mayor es no saber que, primero, el hambre es inventada e impuesta, y, segundo, que, para superar el hambre no es suficiente recibir comida, sino que es necesario estar en condiciones de procurarse el propio sustento.

Con esto, se considera la ignorancia como el centro de la pobreza. Pobre es, sobre todo, el que no sabe o está impedido saber que es Pobre. Irremediablemente Pobre es el que ni siquiera consigue saber que es Pobre. Le falta conciencia crítica para, primero, “leer” su realidad y, después, para afrontarla dentro del proyecto político alternativo. Faltándole esta conciencia crítica, no consigue llegar a ser sujeto capaz de historia propia, esperando, por tanto, la solución de los otros. El sistema se aprovecha de esta circunstancia para mantenerlo como “masa de maniobra”, incluyéndole como beneficiario, no como ciudadano.

No se permite que se constituya en sujeto capaz de historia propia. Por lo tanto, pobreza no implica sólo estar privado de bienes materiales, sino, sobre todo, estar incapacitado para construir sus propias oportunidades, tomar el destino en sus manos. Cuando se habla de ignorancia, sin embargo, no estamos señalando aquella que todo educador sabe que no existe, ya que todo ser humano está hermenéutica y culturalmente establecido, desarrolla cultura propia, conocimientos compartidos, mantiene patrimonios históricos, identidades múltiples, sino aquella ignorancia históricamente producida, cultivada y perpetuada.

3.  Los Pobres como sujetos


Muchas políticas adoptadas por el Banco Mundial no satisfacen las expectativas de crecimiento que se deberían buscar. Cuando se mide el crecimiento de una población concreta se toma en consideración el crecimiento económico en gran escala. Cuando se observa que el producto interior bruto (PIB) está creciendo en un determinado país o región piensan que se está alcanzando la meta de la erradicación de la pobreza.

Eso nos lleva a plantear las siguientes observaciones: primera, el crecimiento del  PIB es dolorosamente lento y puede estar ocurriendo sin beneficiar en nada a los Pobres y, la segunda observación es que, cuando eso ocurre, puede ser que ese crecimiento se realice incluso a costa de los Pobres. Por consiguiente, en esa concepción de crecimiento, los Pobres son considerados o vistos como objetos; dejan de reconocer su enorme potencial, principalmente de las mujeres y de sus hijos. En muchas situaciones, las autoridades no consiguen verlos como actores independientes y protagonistas de su propio desarrollo.

Sabemos que el ser humano, siempre en el contexto de estructuras dadas, es capaz de interferir en ellas y en sí mismo, abriendo espacios propios de actuación; hasta cierto punto, puede hacer historia propia, individual y colectiva. El ser humano es capaz de conquistas inauditas que afrentan sus límites en todos los sentidos; parece contener mayor capacidad de construcción de autonomía.

4.  Actitud de Vicente de Paúl

Como en el tiempo actual, en tiempos de San Vicente de Paúl muchas pobrezas se debían a las políticas ambiciosas de los gobiernos. En la Francia de su época, Vicente de Paúl realiza un trabajo eficaz para erradicar la pobreza. Actúa en muchos frentes de servicio para cambiar las condiciones miserables de los Pobres. Fundó y organizó a los padres de la Congregación de la Misión que tenían por objetivo la Evangelización y el Servicio de los Pobres; con Luisa de Marillac reúne a las Hijas de la Caridad para el trabajo directo con los abandonados; fundó las Voluntarias de la Caridad para visitar a los Pobres y enfermos en sus propias casas; invirtió en la concienciación y en la formación del clero para que estuviesen del lado de los Pobres, fundando Seminarios, promoviendo las Conferencias de los Martes, sensibilizándoles con los Retiros; organizó hospitales, casas de acogida para niños, adolescentes y enfermos; emprendió obras que cuidasen de las niños de la calle, de los niños abandonados, de los niños que no tenían casa, ni familia, ni comida, ni ningún tipo de protección.

Su lucha en la vida fue siempre dar alimento a los hambrientos y promover la dignidad de los Pobres. Ninguna persona que pasaba hambre era indiferente para él; al contrario, siempre manifestaba indignación a causa de la multitud de hambrientos que vivían en las calles. Trabajó con los galeotes, prisioneros condenados a trabajos forzados como remeros de las galeras. Ayudó a los afectados por la guerra, la peste y el hambre. Se puede afirmar que Vicente de Paúl realizó el proyecto “hambre cero” en las regiones de Lorena, Campaña y Picardía, entonces devastadas por la guerra y el hambre.


De San Quintín, en 1652, escribe un padre de la Misión a Vicente de Paúl: “El hambre es tan intensa que ya vemos algunos hombres comiendo tierra o hierba, o corteza de árboles; e incluso rasgar los propios harapos con los que se protegen para poder comerlos. Sin embargo, una cosa que no osaríamos decir si no la hubiésemos visto con nuestros propios ojos y que es algo que nos causa verdadera indignación, es ver que comen sus propios brazos y manos y después mueren de desesperación”.1

De las consecuencias de la devastación de la Guerra de la Fronda,2 por ejemplo, se pueden encontrar relatos hechos a través de cartas a Vicente de Paúl, enviadas por los misioneros de la Congregación de la Misión – padres Paúles. Dicen ellos: “Acabamos de visitar 35 aldeas del decanato de Guisa donde encontramos cerca de 600 personas, cuya miseria es tan grande, que se lanzan sobre perros y caballos muertos, después incluso de que los lobos hayan saciado el hambre. Solamente en Guisa hay más de 500 enfermos resguardados en huecos y en cavernas, lugares más apropiados para albergar animales que personas humanas”.

5.  Una actitud vicenciana

La Familia Vicenciana, personas y grupos de personas estrictamente ligadas alcarisma y a la espiritualidad transmitidos por Vicente de Paúl comienza a re-dimensionar su trabajo con los Pobres. Procura volver a las fuentes. El tema sobre “Promoción de Cambio Sistémico – Estrategia para ayudar a los Pobres a salir de su pobreza” es un sistema con diagnóstico preciso. Después de 350 años de la muerte de Vicente de Paúl, estamos redescubriendo lo que para él era evidente. Comenzamos a redescubrir el sabio axioma educativo que Vicente de Paúl utilizó durante su trayectoria de trabajo con los Pobres: la dedicación y el servicio a ellos, asistiéndolos de manera material y espiritual.

Ayudar a los Pobres para que salgan de su pobreza material implica, como dijimos anteriormente, ayudarles a salir de la pobreza política. El que es políticamente pobre no es ciudadano porque no tiene la capacidad de organización y, por consiguiente, no tiene el poder para introducir cambios ni para sí mismo ni para el colectivo del cual forma parte.

Inserción y compromiso.

Para Vicente de Paúl, es necesario conocer la realidad del Pobre, ver sus condiciones materiales y entender cual es si situación como ser humano. Vicente de Paúl siempre estaba atento al respeto en el trabajo con el Pobre. El trabajo vicenciano es promover cambios sistémicos en la vida de los excluidos, proporcionándoles dignidad y vida abundante en todas las dimensiones humanas: “Si hubiese alguien entre nosotros que pensase estar en la Misión para evangelizar a los Pobres y no para socorrerlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, respondo que debemos asistirlos y hacer que los asistan de todas las maneras, por nosotros y por otros, si queremos oír estas consoladoras palabras del soberano Juez de vivos y muertos: “Venid, benditos de mi Padre, poseed el Reino preparado para vosotros, porque tuve hambre y me disteis de comer, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me socorristeis”. Actuar así es evangelizar de palabra y con las obras, es hacer lo más perfecto, lo que hizo también Jesucristo y es lo que deben hacer cuantos le representan en la tierra”.

Lo que queremos sugerir es que el trabajo vicenciano actualmente no puede basarse solamente en las consecuencias desastrosas que comprometen la vida de los Pobres, sino también y, principalmente, en sus causas.

Más que nunca, en el trabajo vicenciano, es necesario articular estrategias de cambio que se realizan a partir de la politización que lleva al Pobre a:

Salir del proceso histórico de ignorancia. Por una parte, darle herramientas necesarias para que reconozca que está viviendo en la pobreza y, por otra parte, que está siendo, incluso él mismo, reprimido para saber que es Pobre;

Dejar de ser masa de maniobra y objeto de manipulación para ser sujeto de su propia dignidad;

Ser ciudadano que se organiza políticamente para poder imponer cambios significativos para su vida y para la vida de la comunidad;

Tener conciencia de sus derechos y construir la idea esencial para su propia liberación.

Después de 350 años de la muerte de Vicente de Paúl estamos invitados a dar un salto cualitativo en el trabajo vicenciano.


Del pensamiento de Vicente de Paúl:

“Evangelizar a los Pobres no consiste únicamente en enseñar los misterios necesarios para la salvación, sino en hacer las cosas dichas y prefiguradas por los profetas, haciendo eficaz el Evangelio. Que los padres se dediquen al cuidado de los Pobres. ¿No fue esto lo que hizo Jesucristo e hicieron muchos santos que no solo rezaban por los Pobres, sino que también los consolaban, socorrían y curaban? ¿No son nuestros hermanos? De manera que si hubiese alguien entre nosotros que pensase estar en la Misión para evangelizar a los Pobres y no para socorrerlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, respondo que debemos asistirlos y hacer que los asistan de todas las maneras, por nosotros y por otros, si queremos oír estas consoladoras palabras del soberano Juez de vivos y muertos: “Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino preparado para vosotros, porque tuve hambre y me disteis de comer, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me asististeis”. Hacer esto es evangelizar con palabras y con obras y es lo más perfecto, y fue también lo que nuestro Señor practicó y lo que debemos hacer aquellos que le representan en la tierra, como los sacerdotes. Ésta es la razón por la que debemos preferir este ejercicio a todas los trabajos y empleos del mundo y considerarnos, sinceramente, los hombres más felices“.



RADIO PROGRAM

Unica Conferencia en el mundo con un programa de radio todos los domingos de 3 1\2 a 4 1\2 por Radio Paz 830AM desde hace alrededor de 20 años.

 Como me lo contaron, lo comparto. 

Los miembros de su Conferencia le adoraban y no sin cierta ternura, le llamaban así por haber ejercido esa profesión a lo largo de su vida laboral y ya con muchos años, seguir “al pie del cañón” con una valentía y entrega que daba ejemplo a otros mucho más jóvenes que él. Le conocí sólo de lejos. Era pequeñito y parecía como frágil. Pero sin embargo tenía una enorme vitalidad…….además de una gran Fe. Era muy amante de María, como suele acontecer entre los vicentinos. 

El amigo que me lo contaba, que me hablaba con pasión de Inocencio y de su historia, cuando éste ya había pasado a su segunda vida, a la Vida al lado del Buen Pastor, (de lo que toda la Conferencia estaba convencida), había estado con él en sus últimos momentos. 

Me contaba cómo Inocencio, fiel siempre a la “Pilarica”, a la Virgen del Pilar de Zaragoza, dé la que era gran devoto, no desaprovechaba ocasión para servir a sus consocios y a las familias que visitaba. Cuando en la Conferencia se hacían los “lotes” para ayudarlas, (la historia es de mediados de los años sesenta, cuando tantas familias necesitaban ayudas perentorias), el primero en sudar en verano o pasar frío en invierno haciendo paquetes era él. A pesar de que sus consocios, cada vez le instaban con más insistencia a dejar los trabajos más duros para los demás, para los más jóvenes. Pero no hacía el menor caso. Solo sonreía, como disculpándose, y seguía trabajando. 

Llegada la hora de llevar la ayuda a las familias, jamás consentía en que quien le acompañaba como pareja, portara las bolsas sin hacerlo él con la más pesada, la más incómoda. Anunciaba: “si quiero seguir al Señor que siempre busca entregarse a nosotros ¿cómo voy yo a descargarme de la parte de entrega que Él me pide?” Eran argumentos difícilmente rebatibles. 

Contaba mi amigo, su pareja de visita de  varios años que, en más de una ocasión ante un desgarro observado en la ropa en alguno de aquellos que ayudaba, no vacilaba en coger aguja e hilo y arreglarlo a la vez que con sonrisa pícara decía: “¡de esto sí que sé!” A veces, tomaba medidas a alguno de sus amigos en necesidad y en su casa, confeccionaba la prenda que entendía que necesitaban y a la semana siguiente, aparecía con una prenda nueva como si fuera lo más natural del mundo y sin darle la menor importancia. Le había costado horas de trabajo, incluso de sueño y dinero, pero le llevaba lo que necesitaba a aquel que era su amigo. Aquel en el que quería ver el rostro de su Salvador. 

Contestaba Inocencio con naturalidad, sin beaterías decía mi amigo, a aquellos consocios que con ternura le recriminaban que no se cuidara más, “que si Dios no puede estarse quieto sin mostrar su vida divina y su compasión ¿quién era él para no intentar seguir el mismo camino?” “El camino del amor” concluía. 

Superaba los ochenta y cinco años y su salud se resquebrajaba. Le costaba trabajo seguir con su costumbre de portar las bolsas de ayuda de mayor peso como siempre se había impuesto. Aceptaba que fuera su compañero de visita, bastante más joven que él, quien lo hiciera. Pero eso sí: no dejaba de trabajar para sus amigos en necesidad con su aguja e hilo y su saber. 

Sus caminatas a la casa de los que sufrían, eran cada vez más lentas y trabajosas. Pero seguía yendo allí donde le necesitaban. Sirvió hasta el último minuto de su vida. Hasta el último minuto, literalmente. Exactamente. 

Un sábado, caminando hacia una visita con su consocio de tantos años, se paró y se apoyó un poco en la pared de una casa del recorrido. Su acompañante, preocupado, sugirió sentarse un momento en un banco de una plaza cercana. Lo aceptó. Se sentaron. Estuvieron un ratito de charla sobre las bondades de Dios, recordaba emocionado mi confidente consocio y amigo. Parece que Inocencio decía hablando de Dios: “…su propia razón de ser es regalarse a Sí mismo, con toda su ternura infinita….” “Por eso hemos de acompañarle hasta el último aliento”. 

Quedaron un momento en silencio pues se notaba que su cansancio iba en aumento. Incluso había cerrado los ojos unos instantes buscando reponerse. De repente, los abrió y miro al Cielo diciendo “se ha fijado lo bonito que está hoy el Cielo, querido consocio”. Después pareció derrumbarse. Se habría mareado, pensó su amigo y las personas que se acercaron a ayudarle. No. No se había mareado. Sentando en aquel banco, caminando para servir a alguien que sufría, había pasado a la otra Vida. A la de verdad. Fueron inútiles los socorros. 

Mi amigo recordaba dos últimas anécdotas de Inocencio. Una la emoción que le embargaba cada vez que en una visita, encontraba a algún amigo en necesidad, con la ropa confeccionada por Inocencio. 

La otra, la otra es de las que impactan y que cuento como me la contaron. 

Su compañero de visita, repito lo dicho: consocio muy querido y de muchos años haciendo pareja con él, contaba que aquella noche y aseguraba con vehemencia que no era un sueño, vio a Inocencio que le decía: “¡Por fin he llegado! ¡Estoy con Ella!” 

Todos los consocios, yo incluido cuando escuché la historia, creímos como lo más probable que la impresión sufrida, le hubiese provocado aquella ensoñación.   

Todo debió tratarse de un simple sueño. Precioso. Pero un sueño

 ¡O no!

 Solo el Buen Dios lo sabe y también, aquella Madre a la que Inocencio se encomendó todos y cada uno de los días de su vida terrenal.

¡AYÚDANOS!

A Y U D A S

Si necesita ayuda y quiere recibirla a través de la Sociedad de San Vicente de Paúl - Conferencia Radio Paz, por favor presione este enlace y siga las instrucciones..

José Ramón Díaz-Torremocha
(Conferencias de San Vicente en Guadalajara, Madrid España)

¡Dar esperanza a los más necesitados!

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